El cariño que le tenía era especial. No lo consideraba como un amigo, nunca le podría ver como una pareja y a veces dudaba si realmente le abraza sintiéndolo como un hermano mayor. Siempre había querido uno. Un hermano mayor que la protegiera, la mimara cuando ella lo necesitara y no fuera capaz de decirlo, un hermano que le diera consejo y le apoyara. Ella confiaba en él, pero de nuevo, de una forma especial. Ansiaba su mirada y su aprobación, y se sentía inmune a cualquier sentimiento cuando estaban en la misma estancia. Sus palabras rudas e inesperadas la molestaban, pero se daba cuenta de que eran necesarias, de que la ayudaban a aprender. Sin duda, en esos años que habían pasado juntos, habían creado un gran vínculo. Nunca le había preguntado si él sentía lo mismo, si la consideraba como su hermana pequeña. Su respuesta eran sonrisas, abrazos y el ambiente que creaban cuando se juntaban.
